El miedo a caer de la bici y acabar en el hospital por las heridas ya atormentaba mi cabeza, pero la idea de que por eso puedas acabar acusado de intento de asesinato, de presunción de asesinato, de alegorías de un crimen, por decisión de unos personajes esperpénticos que dicen ser los dueños del mundo, que creen tener todo bajo su poder, incluso mi vida, es mi pesadilla ciclística actual.
Yo ciclista incauta y kamikaze, a las tres de la madrugada, sonando música en mi cabeza, sin ver de lejos por el cansancio y la miopía, cruzando sin mirar. Ahora podía volver a tener miedo a caer, pero no por las lesiones o por poder acabar con mi vida, si no por la posibilidad de que otros acabaran con ella antes que yo.
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